Como menciono, la historia de la intelectualidad francesa es también una historia de la infamia, una taxonomía de la traición de los intelectuales que argumentara Julien Benda. Pero aquí y allá brillan casos aislados de lucidez intelectual como Péguy, Gide, Camus y sobre todo el gran mandarín liberal Raymond Aron. Si el siglo XX europeo se define como el de la civilización y la barbarie, los intelectuales franceses se caracterizaron por el empecinamiento en la barbarie con una pátina de civilización. Sartre es paradigmático ejemplo de impostura intelectual.
Entre los francotiradores de la verdad -el equivalente de los Juan Ramón Jiménez, Manuel Chaves, Clara Campoamor, Unamuno o Antonio Machado- sobresale, por su repercusión cinematográfica, el católico y derechista ardiente George Bernanos. De su obra hay al menos dos adaptaciones magistrales, obras maestras absolutas del cine francés: Diario de un cura rural, dirigida por Bresson y Bajo el sol de Satán, de Pialat, el reverso tenebroso, milagro incluido, de Ordet de Dreyer.
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